Bergoglio se solidariza con los familiares de las victimas de la violencia

Los constantes llamados al pontífice, han hecho que sea imposible que toque los temas inseguridad y violencia.

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A pesar de los intentos del actual gobierno federal para evitar que Jorge Mario Bergoglio, máximo jerarca de la iglesia católica, se viera inmerso durante su visita a México en el tema de la situación de inseguridad y violencia que vive el país, los llamados que encontrara el pontífice desde su llegada al país, han hecho que los temas que se buscan evadir, sean parte del tema central de la visita papal.

Durante su primer día de actividades, el máximo pontífice declaró su solidaridad con los familiares de las personas que han sido víctimas de la violencia. Remembrando la historia de Juan Diego, el jerarca realizó una analogía entre la esperanza que dijo nació en este personaje cuando la Virgen de Guadalupe le encargó la construcción de su templo en el cerro del Tepeyac y la esperanza que está en el corazón de los que sufren por haber perdido un familiar a través del un acto criminal.

Refirió que aquella mañana de 1531 cuando la Virgen se le apareció a Juan Diego se produjo el “el primer milagro que luego será la memoria viva de todo lo que este santuario custodia”, sembrando desde entonces la semilla de la esperanza entre los que sufren, de los que han sido desplazados o hasta hechos a un lado, de aquellos que no tiene aparentemente un lugar en este mundo, mensaje que dirigió durante la homilía que celebrara en la Basílica de Guadalupe.

Dentro de los asistentes resaltó la presencia de Enrique Peña Nieto y su esposa Angélica Rivera, quienes escucharon la celebración litúrgica en la que el Papa Francisco resaltó la necesidad de la integración de una iglesia en la que nadie quedara fuera, finalmente señaló al elegir la Virgen de Guadalupe a Juan Diego y no a una persona con una situación más cómoda, se dio un mensaje de amor, y justicia, “en la construcción de ese otro santuario, el de la vida, el de nuestras comunidades, sociedades y culturas, nadie puede quedar fuera”.

También refirió que “todos somos necesarios, especialmente aquellos que normalmente no cuentan por no estar a la “altura de las circunstancias” o no “aportar el capital necesario”.

Refirió que el santuario de Dios “es la vida de sus hijos, de todos y en todas sus condiciones, especialmente de los jóvenes sin futuro expuestos a un sinfín de situaciones dolorosas, riesgosas, y la de ancianos sin reconocimiento, olvidados en tantos rincones. El santuario de Dios son nuestras familias que necesitan de los mínimos necesarios para poder construirse y levantarse. El santuario de Dios es el rostro de tantos que salen a nuestros caminos”.

Aconsejó a los presentes que cuando sintieran miedo, dolor, desesperación y tristeza, era muy importante que se acercaran a buscar el consuelo de la Virgen de Guadalupe, donde seguramente encontrarían un aliciente para dejar atrás esos sentimientos que nos debilitan, nos hacen sentir sin esperanza y buscar el camino del cambio y la transformación.

Al concluir la celebración, el Presidente Enrique Peña se despidió del santo padre, quien por su parte se retiró para hacer oración, donde permaneció frente a la pintura de la Virgen de Guadalupe.

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