¿De cuál fumaste hoy? | La nostalgia

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Manuel Hernández Hernández |

Oprime aquí. Acerca tú mano”. Era del lado del corazón de Benito Juárez. A él lo levantaron, con extremo cuidado, de la modesta recamara del Palacio Nacional. Los cuarenta mil metros cuadrados del recinto se cimbraron. Se registró una fuerte sacudida al ingresar el Papa móvil en la puerta Mariana.

Él iluminado de blanco, descendió y fue recibido con aplausos vivos de los tecnócratas, las élites políticas y económicas, los gerentes de las trasnacionales. Y en primera fila los funcionarios del Gabinete, de lado los Ministros de la Suprema Corte. Senadores y Diputados, alternaban el lugar en las fotografías de las selfie.

Los elegidos por el voto para gobernar al país, era la clase estudiada en Universidades extranjeras, formados en una educación inexplicable a los supremos intereses de la Nación, más bien ofensiva a las necesidades más apremiantes del pueblo.

Para Benito, se le impuso el silencio. Se le desplomaron los años. Asomó a la ventana y vio hoy sobre la calle de Moneda (antes del Arzobispado), una población disímbola, disconforme. Las horas, comenzaron a desmoronarse.

Un desvanecimiento por lo frágil de su corazón, pero tomado de la reciedumbre de su raza se levantó y comenzó a recordar la enorme lucha sangrienta de matarse entre hermanos: liberales y conservadores por implantar lo más conveniente a la incipiente Nación.

Allá en la marítima Veracruz, Juárez (considerado como el fundador del Estado Moderno), él se portó más radical, pues la Guerra de Reforma, siempre trató de ser eliminada por conservar al Clero todos sus privilegios y el lucro de la abundancia; con todos sus atributos de ordenar y mandar donde no le correspondía y defender todas sus riquezas terrenales. Pero en Veracruz, él hombre ilustre y de ese pensamiento sereno y reflexivo decreta la Ley de Nacionalizaciones de Bienes Eclesiásticos y otras importantes en la definitiva de la separación entre la Iglesia y el Estado.

Ha sido también la nefasta intromisión del Vaticano y el Benemérito tiene en su delicado corazón la nostalgia aguda y dolorosa de observar la ceremonia en los balcones al máximo representante de una religión, ya bastante extraña, quien nuevamente se vuelve a apoderar de las instituciones republicanas.

Benito, aquejado de sus males regresa a su habitación con pasos vacilantes al reposo tras de su muerte el 18 de julio de 1872.

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