Conciencia de clase | El problema no es con el qué, sino con el cómo

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Lázaro Fuentes |

El problema entre el qué y el cómo no es exclusivo de nuestra vida cotidiana, es incluso un problema de carácter filosófico, que aunque lógico muchos parece que muchos no alcanzan a ver. Todos los días hablamos de lo que hay qué hay que hacer, pero pocas veces decimos cómo hacerlo, nos pasa en casa, le pasa a los políticos, sobre todo a los que están en campaña electoral y lo peor, hasta a aquellos que se dicen amantes del conocimiento científico, un fenómeno de nuestros tiempos que ha hecho que no seamos capaces de ver más allá de nuestras narices.

La disfuncionalidad racional en la que estamos inmersos, no es sino resultado de un modelo económico que va de la mano de un modelo ideológico y por tanto educativo, que se ha agudizado durante los últimos años, empeñado en formar seres humanos sin una capacidad mayor que la de desempeñar alguna tarea dentro del sistema de producción de mercancías o la prestación de servicios, sin la más mínima posibilidad de cuestionamiento o reflexión sobre sí mismo y sobre lo que es el hombre desde un punto de vista colectivo.

¿Qué es el hombre?, una pregunta que al tratar de ser respondida nos remite necesariamente a tener que intentar responder las preguntas: ¿a qué vino el hombre? y ¿cuál debe ser su objetivo?, cuestionamientos que inmediatamente acorralan a cualquier persona que se formule estas preguntas y para las que el hombre moderno carece de las herramientas más elementales para cuando menos intentar abordarlas seriamente. Ese es el hombre de la modernidad, un hombre que es presa de cualquier discurso que le suene coherente y convincente, un hombre que está indefenso intelectualmente a pesar de la gran cantidad de información que ha acumulado en la historia de su historia.

Como lo planteamos en nuestra colaboración anterior, el hombre (como especie, no como género) ¿vino a hacer dinero?, la respuesta es obvia, evidentemente no, pero cómo pensar en su realización en un modelo económico que los somete a pensar, soñar y trabajar para generar dinero las 24 horas del día, parece que es imposible pensar en hacer algo distinto, lo peor, es que es una aberración reducir al ser humano a una maquinita que genera dinero en alguna medida, hacerlo es condenarlo una una situación en la que no existe una diferencia entre él y un desarmador, una computadora o la maquinaria más simple, su función sería la misma: serle útil a alguien más, menos a sí mismo.

Los llamados nini´s son un fenómeno de nuestro tiempo para el que esta forma de pensamiento no tienen una respuesta, hablar de ellos para la mayoría de las personas es hablar de un problema que no pueden plantearse más allá del mal, no se sabe si nacieron con la decisión de no hacer nada en sus genes o qué fue lo que pasó, un problema que tiene un respuesta simple, estos jóvenes están reclamando su derecho a soñar, están reclamando su derecho a realizarse y aunque no lo saben con exactitud, saben que tienen frente a ellos un modelo que nada les ofrece, por el contrario sólo les reclama sumisión y la aceptación de una realidad y futuro miserables, con el pretexto del desarrollo y el aumento del producto interno bruto del país en el que viven, con la única promesa de que algún día llegará la prosperidad, promesa que jamás se cumplirá.

Estamos convenidos que el hombre tiene otro fin y no el de medio vivir en la angustia de la miseria, para empezar a encontrar nuevamente el camino que a todos nos satisfaga podemos empezar por algo muy simple: siempre que escuchemos o nos planteamos algo, es decir, lo que tenemos que hacer o lo que idealmente debiera ser, debemos cuestionarnos cómo lo podemos lograr, ese es un buen comienzo, las demás preguntas empezarán a llegar inevitablemente.

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