Conciencia de Clase | Progresistas vs. Moderados

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Lázaro Fuentes |

Con los candados que se impusieron a los candidatos independientes y la mecánica diseñada para que representantes nombrados por el titular del ejecutivo federal y el jefe de gobierno participen en el Congreso Constituyente de la Ciudad de México, es difícil saber quiénes serán los que conformarán el bloque progresista y el bloque moderado, de hecho desde la aprobación de la reforma Constitucional para convertir al Distrito Federal en una entidad federativa y las condiciones en torno a ella, los jefes de pandilla dentro de cada partido político, principalmente PRI, PAN y PRD, aseguraron para sí o un cercano, una curul en tan anhelado evento político.

Desde luego existen algunas honrosas excepciones que seguramente tratando de hacer un ejercicio crítico, lanzarán algunas discusiones que traten de superar la visión individualista del marco normativo contemporáneo, habrá que ver el resultado del ejercicio “democrático”, finalmente el enemigo a vencer es el modelo neoliberal, con el que priístas, panistas, perredistas y algunos que se quieren hacer pasar por independientes, comulgan abiertamente.

En 1916, cuando se debatió el proyecto de Constitución presentado por Venuastiano Carranza como encargado del poder ejecutivo, se dieron rispidas discusiones en torno a los derechos de corte social, que dieron nacimiento al artículo 3, 27 y 123, debates en los que la posición oficialista en ese momento intentó a toda costa frenar -por presiones de Estados Unidos- la inclusión del artículo 27 en el sentido en que se aprobó y por intereses de clase, se oponía a que se legislara el derecho del trabajo en el artículo 123 como ocurrió, una tarea que se logró gracias a un bloque de constituyentes combativos que con una tradición de lucha social detrás, defendieron su posición en estos temas tan poco convenientes para los grupos de poder.

Desde luego el procedimiento de conformación del Constituyente de 1916 fue distinto al que se seguirá en la Ciudad de México, aunque los requisitos no fueron sencillos de cubrir en ese momento, no se impusieron requisitos casi imposibles a los ciudadanos sin partido político, de hecho no había partidos políticos como tal, no se apartaron lugares al ejecutivo federal o local para nombrar a manipulables y la votación fue directa y en circunscripciones uninominales, no como hoy donde los constituyentes que se elegirán serán votados en listas, para esconder los nombres de los impresentables como Rene Bejarano (que va como suplente de un incondicional), Tonatiuh González, Carlos Humberto Aceves, un Jesús Ortega o Pablo Gómez, personas con una honorabilidad que deja demasiado que desear.

En un ejercicio político de este calado debieran estar representadas todas las fuerzas, empezando las minorías, al final del día eso dice la democracia ser: no sólo el gobierno de las mayorías, sino el gobierno de construcción de acuerdos con la inclusión de las minorías, algo que no ocurrirá en el Constituyente de la Ciudad de México, de hecho todo fue diseñado desde el inicio para que los elegidos desde hace meses atrás, sean los únicos que participen en esta asamblea light.

Siendo más concretos en la exposición, no existirá prácticamente el bloque progresista, las alas neoliberales que están enquistadas en todos los partidos han ganado, sólo habrá una clara ala moderada que tiene como función sentar las bases para seguir minando los resquicios que aún quedan del Estado Social que impero hasta la década de los 80´s del siglo pasado en nuestro país, caracterizado también por grandes rasgos de corrupción, pero donde aún podíamos hablar de estabilidad en el empleo, educación gratuita y laica, vivienda para los trabajadores y pensiones garantizadas al final de la vida laboral, temas que poco a poco están siendo borrados del consciente y subconsciente social con la dirección del PRI y el apoyo de TODOS los partidos políticos.

Las semanas que durarán los trabajos del Constituyente de la Ciudad de México serán la repetición de una escena de las que se viven en la Cámara de Diputados Federal o el Senado de la República, encuentros entre jefes de camarilla que se saludarán con gran fraternidad aunque representen negocios distintos, que votarán en el mismo sentido y se aplaudirán una vez que sometan en la votación a una minoría muy minoritaria -si no es que desaparecida-, al final del día ya habrá otro proceso electoral para salir a hacerse algunas acusaciones, claro, sin romper el laso que les permite hacer permanentemente negociaciones “democráticas” que los dejan seguir ocupando un cargo público.

 

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