CONCIENCIA DE CLASE | ¿DEMOCRACIA SINDICAL?

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Carlos Carral Hernández*

Hace unos días declaraba la Secretaria del Trabajo del Gobierno Federal Luisa Alcalde, que la reforma laboral de la era López Obrador impulsa el liderazgo de la mujer en el ámbito sindical, donde la participación de este sector es de poco más del 8%. Otra bondad de la reforma laboral según la Secretaria del Trabajo, es que las modificaciones fomentarán la democratización de los distintos sindicatos en nuestro país, muchos de ellos con dirigencias sindicales a modo para el patrón o con intereses contrarios a los trabajadores.

Los 2 aspectos que resalta la titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social -STPS-, son las 2 banderas con las que el actual gobierno de la República pretende legitimar los cambios en la Ley Federal del Trabajo, aunque nada se ha dicho de la relación y congruencia de la última reforma en relación a la reforma aprobada en la era de Felipe Calderón, la primera de ellas abiertamente nociva para la clase trabajadora.

¿La reforma laboral de la era AMLO en efecto incentiva la democratización de los sindicatos y ensancha la participación de la mujer en las dirigencias sindicales?, la respuesta tajante es no; sobre el segundo aspecto, el de promover la participación de la mujer en las dirigencias sindicales, no existe en la reforma laboral una perspectiva de equidad de género que implemente medidas de tratamiento preferencial en sentido positivo a favor de la mujer, como podría ser la paridad de género obligatoria en la conformación de dirigencias, algo similar a lo que ocurrió en la vida de la política electoral.

Sobre el segundo aspecto, el de la democratización de los sindicatos, las nuevas obligaciones que impone la Ley Federal del Trabajo -LFT- a estas organizaciones de ninguna manera fomentan tal, por el contrario están sirviendo como herramienta de operación para crear una élite de nuevos dirigentes afines a la cuarta transformación -4T-, esto al flexibilizar aun más la creación de sindicatos e imponer para muchas de sus finalidades la necesidad de acreditar que se cuenta con la mayoría del apoyo de la base trabajadora.

Si revisamos con cierto detenimiento el contenido de la LFT, particularmente el apartado de las Relaciones Colectivas de Trabajo, veremos que incluso al día de hoy, después de la reforma de este año, prácticamente no existe regulación dirigida a la vida interna de los sindicatos, por lo que este apartado junto con las nuevas disposiciones, representan una oportunidad para el patrón y diversos agentes del poder para incidir en la vida interna de cualquier sindicato, buscando sustituir dirigentes por allegados a modo, o incluso en los casos donde esto se complique, se facilita dividir a los trabajadores a partir de la creación de nuevas organizaciones.

La democratización de lo sindicatos debe necesariamente partir de la inclusión de dispositivos que regulen la vida común de los trabajadores sindicalizados, dispositivos relativos a la representación proporcional, la paridad de género, la transparencia de gestión a la base trabajadora, el voto directo y secreto, el establecimiento de tiempos prudentes entre la convocatoria, la elección y la toma de protesta de dirigientes, la obligación de redacción de reglamentos de elecciones, rendición de cuentas, sanciones y cualquier otro necesario en muchos sindicatos que al día de hoy, terminan por ejemplo realizando la elección de sus dirigentes solo con un artículo de su estatuto, por ser el único que considera dicha situación.

Lo esbozado no hace sino despertar el sospechosismo de que la reforma AMLO no responde a los intereses de la clase trabajadora del país, por el contrario, de que sigue la misma línea de la reforma de 2012 y lo peor, que responde a intereses globales del neoliberalismo rapaz en el que vivimos, encarnado en el contenido del T-Mec.

Con la primer reforma laboral, la que entró en vigor el primer día del gobierno de enrique Peña Nieto, se lesionaron los principios de protección, tutela y reinvindicación de derechos individuales que caracterizó a las normas del trabajo, con la actual reforma se lesionan los principios de sindicalización, contratación colectiva y huelga que son ejes del derecho colectivo del trabajo.

Si alguien pensó en algún momento que para estar en contra de los sindicatos el Estado necesitaba prohibirlos, podremos ver que es más fácil dividir a los trabajadores en cuantos sindicatos sea posible constituir en un centro de trabajo para poder mantener a raya a estas organizaciones, que con tal de obtener la titularidad de los contratos colectivos cada vez serán más dependientes de los patrones y/o de las centrales de trabajadores afines a la 4T.

*Abogado postulante y dirigente de la UNT y el FASU en el Estado de México

carralhernandez@gmail.com

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